3 min read

16:08

Supongo que por eso para mi, la Roma nunca fue solo un lugar. Fue donde empezamos a coincidir…  incluso todavía no sabíamos del todo en qué.
16:08

Las ciudades donde uno aprende a quedarse.

Norte, sur, oriente o poniente, los puntos cardinales que delimitan una ciudad. Una ciudad que no te recibe como esperas… sino que te va acomodando de acuerdo a tu tiempo y al espacio que ocupas en esta linea de vida.

Porque aunque yo aún despertaba en las frías mañanas del sur, y seguía mi rutina como lo venia haciendo desde hace algunos años, sin embargo, desde aquella noche tibia de abril pasaba menos tiempo en casa… y más en ese nuevo espacio que, sin darnos cuenta, se había convertido en nuestro punto de encuentro perfecto.

Yo del sur. Él del centro-poniente. Y entre ambos… la Roma.

Si, la Roma no era nuestra casa, pero era el lugar que nos permitió dejar de medir todo en trayectos: cuánto tardar en llegar, cuánto tiempo podíamos quedarnos, cuánto más podíamos estirar la noche antes de regresar a nuestras casas. De hecho fue aquí donde algo comenzó a no medirse igual: lo fácil que comenzaba a sentirse estar juntos, ahí fue donde todo empezó a tomar forma, y donde él dejó de ser “él”… para tener nombre: Luja

Ambos creamos una conexión tan rápida y  tan orgánica que aunque no lo dije la primera vez que lo pensé, supe que había empezado a tener un peso distinto, me di cuenta en cosas pequeñas: en cómo lo buscaba entre la gente, en cómo ya sabía qué iba a pedir antes de que hablara, en cómo, sin darme cuenta, empecé a hacer espacio para él… incluso en los días en los que no estaba.

Sin duda hay lugares que no eliges por lo que son… sino por lo que te permiten ser.

Lugares donde una mesa se alarga más de lo previsto, donde una calle deja de ser solo un trayecto, o donde el ruido de fondo de un bar hace que ciertas conversaciones se sientan más privadas de lo que deberían.

Ahora que lo pienso, nunca hicimos una lista de “nuestros lugares”, nunca los nombramos como tal, aquellos spots empezaron a repetirse… como si la ciudad también estuviera participando en algo que apenas comenzábamos a entender.

En esos días que después fueron semanas y meses, no hablábamos de futuro, ni de reglas, ni de todo aquello que, en teoría, se supone que unos debe definir. Hablábamos de cosas simples: de lo que había pasado ese día, de lo que nos daba risa, de lo que preferíamos no explicar demasiado. Y aunque para muchos eso podría parecer una forma de evitar preguntas, la verdad es que en medio de todo eso… algo se iba acomodando.

Es bien sabido que hay relaciones que se construyen con grandes momentos, grandes expresiones de amor desmedido, pero hay otras que se van formando, con repeticiones, con aquella segunda vez que vuelves al mismo lugar, con la tercera conversación que no termina donde debería. Con la sensación de que, sin haberlo decidido, ya estas eligiendo quedarte un poco más. 

Y siendo honestos la ciudad no cambió, fuimos nosotros, o tal vez la forma en que empezamos a habitarla. Porque hay una diferencia entre pasar por un lugar… y empezar a reconocerte en él. Aunque no todo era claro como ahora suena, a veces me cruzaba una idea que no decía en voz alta: que tal vez no era él, sino yo. Porque cuando algo no se parece a nada de lo que aprendiste, no siempre sabes si confiar en eso… o en ti.

No lo decía pero estaba ahí, como esas cosas que uno siente… antes de saber cómo nombrarlas. Y aún así volvía al mismo punto medio, a las mismas calles, a la misma sensación de que algo estaba tomando forma, aunque no supiera exactamente cuál. 

Supongo que por eso para mi, la Roma nunca fue solo un lugar. Fue donde empezamos a coincidir…  incluso todavía no sabíamos del todo en qué.

Y quizá, sin darnos cuenta, también fue donde empezó al más: la costumbre de alargar las noches… hasta que el reloj dejaba de importar y la ciudad se sentía distinta.

Más lenta.

Más intima. 

Más nuestra.

Tal vez por eso hay horas que se quedan marcadas… como esas en las que todo parece empezar a cambiar, sin hacer ruido. 

Cerca de las 22:00.